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Edición
Nº3
Edición Especial:
"Existir más allá del binario de género"
Edición
Nº2
Edición
Nº1

A diez kilómetros aproximados del centro de Antofagasta nos adentramos en el sector de La Chimba, para encontrar el campamento Luz Divina VI, en búsqueda del padre jesuita Felipe Berríos. Calles polvorientas, personas a lo lejos arrastrando un carretón con desechos y restos de muebles, a los lados algunos galpones. Estamos cruzando por uno de los vertederos más grandes de Chile. En parte barrio industrial, en parte habitacional, con campamentos colindantes. Escombros, pequeñas casas y bodegas que se extienden de cara al sol, al polvo y a las estrellas del desierto nortino.

Habíamos acordado la visita días atrás para entrevistarlo y grabarlo en el marco de nuestra campaña de apoyo a la comunidad trans y a la Ley de Identidad de Género. Unas horas antes hicimos contacto buscando saber su disponibilidad de tiempo, sabiendo que las personas que generan interés mediático y que lideran opinión social tienen, por lo general, buena voluntad pero poco tiempo disponible. La respuesta fue concisa, precisa y más que generosa: “Vénganse directo para acá. Me interesa mucho el tema. Mi actividad de hoy son ustedes”...

Nos recibió en su casa junto a su perra Tiñi, a la cual recogió enferma de tiña y luego de sanarla, bautizó con ese nombre. Una pequeña casa de madera con dos espacios centrales, un estar-cocina-comedor y un dormitorio, más otro espacio muy pequeño, el baño, que se abre a un patio de luz. Las paredes llenas de libros y entre las repisas, techo y muros un sinnúmero de rincones con herramientas que cuelgan, que se recuestan, que buscan su espacio en este universo atiborrado de lectura, saberes, talleres y cotidianeidad. Hacia un costado, un sillón antiguo, probable respaldo de largas horas de lectura; hacia el otro costado, protagonizando el espacio, una mesa que invita a la conversación, como su sonrisa y sus manos grandes.

“Me molestó un poco lo que había en el ambiente cuando estaba ese “bus de la libertad”, creo que le llamaban. Un bus naranjo, y que un poco se decía ahí que los papás influían en los niños o que los presionaban a que fueran tomando conductas de género distintas a sus genitales, a su sexo. Primero, para pensar que un papá es capaz de hacer eso con su hijo ya hay que ser bastante raro, y segundo, que es tan fuerte la orientación del género que no es algo que externamente alguien te presione; por mucho que hubiera alguna clase de presión, el impulso del género es algo que se va a imponer sí o sí, que es lo que han demostrado niños o niñas que son transgénero, que aunque todo el ambiente cultural les dice que tienen que responder a un tipo de sexo, sin embargo, a pesar de eso, una y otra vez vuelve a aflorar esa fuerza de orientación que implica el género”.

Lo que esgrime ese sector, muy ligado a una visión conservadora y a veces fundamentalista de la religión, es la llamada “ideología de género”, que estaría expandiéndose perversamente en nuestra cultura...

“Oí hablar muy fuerte de eso en ciertos sectores más conservadores. Opino que es una ideología también. Pensar que existe esta especie de conspiración externa que quiere producir daño no sé con qué motivo, tal vez político o cultural, yo creo que hay que ser un poco rebuscado para pensar así”.

El conocimiento de la realidad trans ha permitido instalar este tema desde un enfoque de Derechos Humanos. ¿Cuánto piensas tú que aporta una Ley de Identidad de Género en ese sentido?

Bueno, yo creo que los Derechos Humanos tienen que velar para que las personas se desarrollen humanamente y desarrollen a la humanidad en su totalidad y tenemos que velar que se respeten esos derechos, o sea, que la persona pueda ser lo que es sin sentirse culpable, sin sentirse que es una persona enferma o que la sociedad presione a otra cosa, sobre todo cuando esa persona no hace daño con lo que ella siente. Hay que proteger a la persona para que pueda desarrollar su género, si ya va a ser algo conflictuado en ella que tenga un sexo que no responde a su género, entonces ayudémosla, no le pongamos más carga arriba, y en ese sentido un derecho humano que garantice esa libertad para ese niño o esa niña o esos padres, me parece clave”.

¿Qué le dirías a una mamá o a un papá de una niña o niño trangénero?

“Le diría que una de las características más lindas de una mamá o un papá es que ame y ese amor se traduzca en aceptar al hijo o a la hija tal cual es, que lo respete o que la respete tal cual es. Yo sé que es tal vez más fácil decirlo que hacerlo, pero yo creo que no hay felicidad más grande para un papá o una mamá... O sea, si uno le hiciera la pregunta a un papá o mamá, que tuviera que escoger una sola cosa en la vida para su hija o hijo, yo creo que escogería que fuera feliz. Entonces les diría: ayuden a que su hija o hijo sea feliz, pudiendo vivir con libertad el género que tiene”.

Y si yo te dijiera que soy transgénero y que estoy conflictuado ¿qué consejo me podrías dar?

“Yo te diría que no te va a tocar fácil, pero que Dios te quiere así como tú eres y que no te sientas ni culpable, ni bicho raro, ni enfermo, ni degenerado, sino que eres distinto y que tienes que luchar con sabiduría y con tu fuerza para poder desarrollar lo que tú eres, que es un don para toda la humanidad”.

En oportunidades se escucha que esto es una moda o se buscan analogías como que un perro no se puede convertir en gato y cosas de ese estilo, muy degradantes. Pareciera ser que se trata de negar la realidad por un gran temor a lo desconocido...

“Desde que volví de África, el 2014, me ha llamado la atención cómo en este último tiempo ha habido como distintos revisionismos: el tema mapuche, por ejemplo, también Baradit o la escritora Subercaseaux que empiezan a ver la historia de Chile, la Patria de Cristal. Como que a nosotros nos enseñaron una manera de ser chileno, lo que era la patria, lo que era la historia, y eso ahora se cuestiona. Se cuestiona porque yo creo que hemos dado un paso más de madurez, de desarrollo, de libertad en Chile. Estando en África te das cuenta que en culturas más indefensas, más inseguras, los papás le enseñan a los hijos a no preguntar nada a no cuestionar nada, a hacer todo como los grandes se lo dicen, obedecer ciegamente a todo, porque de esa manera los papás se aseguran que su hijo está metido en la tribu, en la manada, no es el antílope que se adelanta a la manada o que se queda atrás y se lo puede comer el león, sino que está dentro de la tribu. Y van creciendo así, sin tener que cuestionarse las cosas hasta que son adultos, pero, al contrario, en la medida que las sociedades van dando más protección, más seguridad, se va incentivando en las personas el cuestionamiento, la libertad. Yo veo a mis hermanos que les preguntan a mis sobrinos -qué cosa te gusta- y ellos preguntan –por qué esto papá, por qué esto otro- y les explican. Entonces, nosotros como país hemos ido adquiriendo más libertad, más seguridad en la sociedad en distintas cosas, por eso es que ahora podemos cuestionarnos cosas que antes no nos cuestionábamos, como la historia oficial que nos contaron, como la historia oficial del pueblo mapuche, y cosas como esta del género. O sea, en culturas como las que yo viví en Burundi o en Tanzania, si tú naces con pene tienes que vestirte de esta manera, hablar de esta manera, hacer esto, y si naciste con vagina, esto otro, porque la sociedad no tiene este círculo de seguridad que te garantiza más libertad y poder tú ir desarrollando distintos matices y diversidades que tienen todas las personas, y eso yo creo que se ha ido produciendo en Chile. No es que ahora hayamos inventado a los transgénero, no es que ahora esté de moda ser homosexual o lesbiana, sino que ahora hay más libertad, hay más protección en la sociedad para que uno pueda desarrollar la diversidad que uno tiene en su interior y eso es una riqueza, no es una pobreza”.

Desde ese punto de vista, existiría un cierto primitivismo en esa mirada más estrecha que solo admite una concepción binaria del género y no se abre a otras posibilidades, no cuestiona y se cierra a la diversidad. Me pregunto cómo hay personas que siguen a Dios leyendo la biblia y buscan que la realidad se adapte a su interpretación y son incapaces de ver y enamorarse de la realidad que tienen frente a sus ojos...

“Bueno, a raíz de eso yo contaba que cuando yo era novicio vino a Chile Luis Alonso Schökel que era un sabio, un hombre que hizo la traducción de la biblia española, es experto en profetas. Vino a dar una serie de charlas y pidió que quería un día ir a conocer la nieve, y nosotros que éramos novicios aprovechamos la oportunidad de paseo y lo llevamos en una de esas típicas Volkswagen de curas a Farellones. Y me acuerdo que íbamos en la última curva, o por ahí, que había nieve y el viejo nos hizo parar. Quería bajarse, nosotros pensamos que quería ir al baño, pero nos hizo bajarnos a todos y nos hizo contemplar el macizo nevado. Nosotros parados sobre la nieve, y en un momento de silencio el viejo se agachó, agarró nieve con el puño y mostrándonos a nosotros la nieve que él apretaba nos dijo: “aquí está la prueba patente que la creación la hizo Dios”- y luego agregó -“porque si los seres humanos hubiéramos hecho la creación, habríamos hecho todo del mismo color, de la misma temperatura, de la misma textura, la misma materia”- y finalmente nos dijo -“en la diversidad está la huella de Dios”-. A mí se me quedó grabado eso: en la diversidad está la huella de Dios. No es que la diversidad la acepte Dios, sino que ahí se expresa Dios, en la diversidad. Por eso nosotros tenemos que buscar, promover la diversidad y verla como un don, al revés de la uniformidad”.

...Uno se pregunta qué hubiera dicho Jesús de este tema si estuviera acá...

“Jesús no vino a condenar, vino a acoger la humanidad a partir de lo que éramos nosotros. Me parecería increíble que alguien pensara que Jesús podría rechazar a alguien por el género”.

La experiencia nos muestra que las manifestaciones de género se presentan desde los primeros años. ¿Consideras apropiado que se respeten esas manifestaciones a los tres o cuatro años cuando no coinciden con lo esperado, según su sexo biológico?

“Yo creo que es importante reconocerle al niño lo que vaya aflorando en él. A mi me llamaba mucho la atención cuando leía que a las niñas de alta alcurnia en China era de bien meterlas en un zapato chico y que el pie no le pudiera ir creciendo, se les fuera deformando, porque de esa manera después no podían caminar y así se aseguraban que toda su vida iban a tener sirvientas y eso le daba estatus. Uno cuando lee eso ahora, lo encuentra tremendo, ante un papá que le deforme el pie al hijo por una convención cultural, ahora diría lo mismo. Es tremendo un niño que nace con un pene, pero va desarrollando un género femenino y se le meta como en un zapato chino que lo deforma y que lo hace vivir a contrapelo su vida... Bueno, todo papá ama a su hijo y lo respeta profundamente, y aquí no es que alguien externo intervenga, sino es que deje que el niño vaya desarrollando lo que él ES y no lo que uno estima que debe ser porque nació con pene o porque nació con vagina. Tal vez lo ideal es que coincida el género con el sexo, pero ¿qué es lo “normal” en la vida? si al final “normal” en la vida es que uno pueda vivir lo que uno es, con libertad, al lado de la gente que lo ama”.

Un 56% de personas trans han intentado suicidarse alguna vez y un 84% de estos casos son menores de 18 años. ¿Qué le podrías decir a los parlamentarios que hoy cuestionan que a niños, niñas y adolescentes se les reconozca su identidad de género?

“Yo le diría a los parlamentarios que no tengan miedo, que al contrario, nos están ensanchando el horizonte, nos están haciendo entender que la sexualidad humana, el género es algo mucho más profundo en el ser humano, que la cultura es una expresión de cosas más internas nuestras, que no es algo rígido que se impone, que no crean que aquí hay algo escondido, que quieren hacer daño a la familia, a la tradición, al cristianismo. Al contrario, esta cuestión nos va a ensanchar los horizontes. Así como hemos dado pasos con la homosexualidad y con tantas otras cosas. Nosotros incluso en el vocabulario todavía tenemos la palabra “siniestro” como sinónimo de algo malo, porque antiguamente se les amarraba la mano izquierda atrás a los niños para que aprendieran a escribir con la derecha y se consideraba maléfico una persona zurda, hoy día eso lo encontramos una estupidez, hoy nos damos cuenta que es una cuestión de ser distintos no más, es una condición, bueno lo mismo nos va a pasar en unos años más cuando miremos para atrás. Tenemos que aceptar que hay personas transgénero, y no solo aceptarlas, sino ver que eso es una riqueza, porque ensanchan nuestro pensamiento como sociedad, nos hacen más libres. A mayor diversidad, mayor libertad y mayor presencia del rostro de Dios entre nosotros. Yo les diría que no tengan miedo a esto, no vean como que nos están echando a perder nuestra convivencia, nos están echando a perder nuestros valores... nos están ayudando a crecer. Yo soy como ustedes, yo nací en un mundo machista, sexista, me eduqué en eso, no existían cosas que hoy día nosotros vemos que existen, pero esto yo siento que me ha ensanchado mi humanismo y mi cristianismo se ha profundizado. Los invito a que nos informemos sobre estos temas, leamos, conversemos, a que nos pongamos en la piel del papá y la mamá que tienen un hijo o una hija transgénero, que nos pongamos en la piel de esa niñita o ese niñito que lo hacemos vivir como un zurdo que le amarran la mano atrás, con la diferencia que a un niñito le puede costar la vida”.

Sin darnos cuenta, ha pasado la mañana, un ameno y conversado almuerzo y parte de la tarde. Después de recorrer los alrededores, la nueva villa con cientos de casas recién construidas que él ha gestionado para acoger a muchas familias de chilenos e inmigrantes, y conocer el enorme galpón donde se imparten talleres que brindan una especialidad técnica a muchos inmigrantes que necesitan trabajar, parte del trabajo social y pastoral que Felipe realiza, nos despedimos de él, dejando atrás su silueta con overall entre el polvo nortino.

Queda en el recuerdo su rostro afable, sus palabras simples y profundas y la sensación que hemos tenido una vivencia significativa.

La Chimba, en Antofagasta, donde se encuentra uno de los vertederos más grandes de Chile.
El Campamento Luz Divina VI, donde vive el padre Felipe Berríos, acoge a una gran población de inmigrantes que reciben el trabajo pastoral.
La parroquia que dirige el sacerdote, centro de operaciones de la labor social.
El gran galpón que alberga las actividades de capacitación a la comunidad y detalle de uno de los módulos.
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